sábado

Juzgadas, rechazadas y criticadas Parte 1

Belleza, soberbia, inteligencia, atracción, sex appeal, valentía, pasión, todas ellas tienen en común no sólo eso sino que han abierto un camino diferente dejando huella en la historia
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Accidentalmente le mordió el dedo. Acababan de casarlos, creo que eran Iraníes, la pareja de novios estaba sentada en unas sillas al aire libre rodeados de familiares emocionados. Les ofrecieron un pedazo de pastel para celebrar. La clásica mordida y en lo que parecía un acto amoroso él le acercó un poco de pastel con la mano pero, ella, quizás por el velo, la inseguridad, o el nerviosismo de novia, le mordió el dedo. Eso bastó para que, ahí, en medio de todos, le diera una cachetada colérica. Una de las cachetadas más feas que he visto en mi vida, los familiares actuaron como si eso fuera normal. Las mujeres resignadas. Ni qué decir de la pobre novia, no le quedó de otra que agachar la cabeza y calmar a su familia.
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Ese fue un video que me pasaron esta semana. Y al verlo me dio mucho coraje. Porque la imagen es fuerte, y si por una pendejada de esas una mujer es golpeada de esa manera ya me imagino el infierno en vida que será el matrimonio para esa pobre mujer. Esto me dejó pensando en esas mujeres que se han atrevido a ser ellas mismas y lo dejaron claro o que fueron juzgadas sin bases.

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Por ejemplo, tenemos a la sagaz Ana Bolena, la hermosa reina consorte que cambió la historia de Inglaterra para siempre. Existían rumores de que Ana sufría polidactilia (seis dedos en su mano izquierda, por entonces considerado un signo del diablo) y una marca de nacimiento o lunar en su cuello que siempre escondía con una joya. Aunque esta leyenda sea popular, no hay pruebas contemporáneas que lo apoyen. Además, cuando las deformidades físicas eran generalmente interpretadas como un signo del mal dudo mucho que el Rey haya querido con ella. Tenía dos hermanos, María y George. La antitesis, los polos opuestos, el Yin y el Yan. María siempre fue la hermana, buena, resignada, obediente, mientras que Ana era autoritaria, ambiciosa, independiente, contestona, sexy, retadora a los temas cristianos de la época,
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Nunca fue descrita como una gran belleza, pero hasta aquéllos que la aborrecieron admitieron que tenía un encanto dramático. Su cutis oscuro y su pelo negro le dieron un aura exótica en una cultura que veía la palidez blanca como la leche como esencial en la belleza. La gente parecía atraída principalmente por el carisma de Ana. Dio una buena impresión con su sentido de la moda, inspirando muchas nuevas tendencias entre las damas de la corte. En una visión retrospectiva, ella fue probablemente el icono de la moda inglesa más grande de principios del siglo XVI. No era sorprendente por tanto, que los hombres jóvenes de la corte pulularan a su alrededor. Yo digo que era interesantísima para su tiempo y eso asustaba, aunque, claro, hay muchos retractores también. La historia es muy larga e interesante, así que tengo que concluir con su final que fue verdaderamente triste. Fue decapitada bajo acusación de adulterio, incesto (ella y George) y traición. Está extensamente asumido el haber sido inocente de los cargos, y fue conmemorada más tarde como mártir en la cultura Protestante inglesa. Snif! Triste.

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Por acá tenemos a la valiente Juana de Arco a quien todo mundo conoce por su trágica muerte. A mi me gusta mucho porque habla de una mujer fuerte, pero más que nada con una fe envidiable de la que hoy en día muchas carecemos. Y no hablo de escuchar voces y esas cosas, sino de fe en las capacidades que nosotras mismas llevamos dentro. Ella dijo que quería pelear por Francia en el ejército real y sacar a patadas a los ingleses, ¿ella? ¿ una mujer? Todos se rieron pero el rey le dio el poder. Al principio le fue muy bien y obtuvo grandes beneficios del Rey. Hasta que la capturaron los enemigos y fue a dar con los ingleses. Los clérigos la condenaron por herejía porque ella insistía en un llamado interior y por eso la quemaron viva.
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Su inocencia fue reconocida después, se declaró herejes a los jueces que la habían condenado. Finalmente, fue beatificada y posteriormente declarada santa. Ese mismo año fue declarada como la Santa Patrona de Francia. Hoy en día es contemplada por muchas personas como una mujer notable: valiente, vigorosa y con una gran fe.

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En este lado tenemos a María Magdalena, uno de los mitos más grandes y celosamente guardados en la historia de la humanidad. A mi ella me parece fascinante. Y me intriga mucho, cuando me preguntan a qué personaje del pasado te gustaría conocer, rápidamente María Magdalena atraviesa mi pensamiento porque ahí está la verdad, ahí está el misterio. Que una mujer haya sido testigo del gran mito en la historia de la religión occidental. La confidente por así decirlo, y claro, la puta, malamente la que se conoce como puta. Sin haber evidencias, claro. Es considerada santa por la Iglesia Católica Romana, la Iglesia Ortodoxa y la Comunión Anglicana. Sin embargo es bien sabido que su importancia es vital en las corrientes más que nada gnósticas del cristianismo, esas que nos gustan a algunos y nos ponen a pensar.
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Se dice que fue curada por Jesús quien le expulsó 7 demonios. Según leyendas María Magdalena escapó de Tierra Santa, predicó un tiempo y finalmente se retiró a una cueva donde llevo una vida de penitencia por 30 años donde murió y su cuerpo terminó en un oratorio. Otras versiones más exóticas hablan de ella como la esposa de Jesús e inclusive que hubo descendencia. La verdad… sólo ella la supo y la sabrá. Snif!.

lunes

Hors de Prix

¿Cuánto hay que pagar por una mirada?

El amor se expande en la mirada. Es la mirada la que nos delata la mayoría de las veces, de la mirada no escapas, en la mirada se encuentra todo lo que buscas, y al mismo tiempo lo que ofreces. Cuando buscas la verdad sólo dirígete a los ojos. Los ojos son comunicación no verbal, los ojos son peligrosos cuentan nuestros secretos. Es verdad. Cuando recordamos miramos hacia un lado y cuando imaginamos hacia otro. Cuando queremos concentrarnos o estamos pensativos miramos hacia abajo y cuando no tenemos ni idea de qué hacer e imploramos ayuda divina miramos hacia arriba. El amor no se puede ocultar por el filtro de los ojos, es inútil que pierdas el tiempo con eso.


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Cuando no puedes ver los ojos, te guías por la voz. Porque la voz también expone, delata, ofrece. Suelo ser una persona auditiva, me seducen las voces, me distraen las voces, me encantan las voces, amo los acentos, me excitan las voces expresivas (y no todas lo son) cuando conozco a alguien me fijo en si me gusta su voz o no. Creo que me enamoro con las voces, y a mi no me gusta mi voz. Tengo una dicción espantosa, y si encima me pongo nerviosa suelto puras pendejadas o monosílabos, el recurso más sencillo desde que el hombre comenzó a expresarse vía oral (y lo que desespera a los extrovertidos) Pero, bueno, no pienso hablar de voces sino del amor. Ese sentimiento tan fascinante y doloroso. Y ya de paso de mi película favorita del verano. Que en realidad fueron dos, pero como la otra la han destrozado los bloggers-wannabe- críticos- de cine (en los cuales me incluyo) y como soy una ególatra que se niega a tener gustos chafas en películas según los críticos pues la segunda la dejo a su imaginación, jojo.

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Un día de agosto nos revelamos las mujeres de mi casa y nos fuimos solas a comer, al café y al cine. Fuera hombres y niños. Una tardeada de viejas. Sin embargo, en el café yo andaba en otro planeta por cuestiones sentimentales, alguien que se había ido. Sí, porque el amor también jode, te baja las defensas. Y aunque ya me había cansado de mariconear mi dolor con mis dos consejeros de siempre a quienes recurro para hablar de las cosas del corazón, yo seguía en la misma, con cero interés por el chisme de vecinos y lo que nos ocupada en aquella mesa. Como la cartelera era muy masculina (las taquilleras de acción del verano) insistí en que entráramos a ver Hors de Prix, Enamorate de mí, una película de Audrey Tautou (no todas sus películas me han gustado) que para nada me iba a perder. Yo entré bien emocionada y era la única de las tres. “Es que no están acostumbradas al cine europeo”, me dije para que no me fueran a contagiar su hueva.

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Hors de Prix trata de Jean, mesero tímido que trabaja en un gran hotel, un día conoce a por accidente a Irene que es una caza fortunas. Él finge ser alguien que no es, un adinerado, se acuestan una noche y no la vuelve a ver hasta un año después, pero, claro, típico, él quedó enamorado de ella. Así que al año siguiente cuando se reencuentran intenta jugarle la misma broma, que esta vez no sale bien, y ahí empieza la película. Y si te gustan las comedias románticas europeas obviamente esta es una excelente opción. Porque no tiene nada de la estupidez, ni la melosidad, ni los chistes pendejos de las comedias románticas norteamericanas. Hors de Prix es ligera, fluida, bien fotografiada, buena música, buen ritmo, caras bonitas, los personajes son lindos, te caen bien los dos. Es lo bonito de lo bonito.


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Pero aquí viene lo que me gustó de la película, que la sientes. Que a lo mejor muchos otros han pasado por esas relaciones en donde el orgullo y la arrogancia pesan más que el corazón. Que nos empeñamos una y mil veces en minimizar que nos estamos muriendo por esa persona, pero la comodidad en la que estamos envueltos y las cosas que no queremos soltar nos impiden hacerle caso al amor. Que a veces llegamos a actuar contra la corriente, salir con personas con las que no deseamos salir, hablar con personas que no nos interesan en absoluto solo para olvidarnos de ese amor que nos esta jaloneando la vida y nos lleva de encargo. Por orgullo, por miedo, por envidia, por celos. Endemoniados celos, los celos son una pandilla, actúan en grupo, desgraciando relaciones. ¿Quién no los ha sentido? El amor no tiene precio, no debería tenerlo, pero lo tiene… cuesta.

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Hors de Prix es lo opuesto a muchas concepciones del romanticismo. Aquí primero se acuestan, simplemente cogen, y no es sino hasta al final cuando han pasado por el camino de la indiferencia, la amistad, la competencia, los celos, la posesividad que se enamoran completamente y se necesitan, todo sucede al revés.

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A Irene el amor la debilita, la asusta, y la descentra. Irene tiene miedo a enamorarse en verdad, a enamorarse de la persona diferente a lo que espera, Irene se exige demasiado. En la historia, cada vez que Irene se deja llevar por el amor, no tarda en pagarlo: la abandonan, la humillan, se queda sin nada. Y lo que salva a Irene no es el amor –¡ironías!- lo que salva a Irene son ¡los celos! Cuando siente celos de verdad, cuando arde en celos es cuando se decide a luchar por el amor, por orgullo, por vanidad, pero con amor a final de cuentas. Los últimos 15 minutos me hicieron llorar y despistadamente me limpiaba las lágrimas. ¡Carajos, Irene, atrévete, chingados! ¡Snif!

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En cambio Jean es una adoración, él es natural, desprendido, atento, humilde, sumiso, insistente, y sobre todo ¡paciente! Seguridad de aplomo, como si él estuviera seguro de sus recursos, él hace lo que puede (y más de lo que puede) porque él sí se ha enamorado. En lugar de juzgarla, acaba siendo igual que ella: ataca desde dentro, no se convierte en su enemigo sino en su aliado. La abraza como se abraza una forma de vida. Nunca renuncia. Me brincó el corazón en la parte en que le compra diez segundos de su mirada. ¡Snif! Porque en toda la película las miradas son básicas, son los desnudos. Imágenes llenas de close ups, la mirada no oculta nada.

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Irene es un soldado tenaz y Jean es un enemigo desde el momento en que le conmueve. Cuando ella siente que se enternece, que flaquea y que él la pone en peligro, como buen soldado decide eliminarle, hacerle desaparecer: le arruina para que él vuelva a su casa. Y Jean no se resiste. Se ofrece a ella y se lo ofrece todo, hasta quedarse sin nada. Un auténtico suicido económico y un acto de amor total.
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Esta película a es de miradas e Irene podría definirse por sus miradas… Audrey Tautou está increíble en Hors de Prix. Bueno no seguiré hablando más de esta película porque tampoco voy a hacer una tesis de ella. Simplemente que pocas películas me hacen sentir así, llorar. Si eres una romántica, sentimental poco expresiva y andas en una etapa chipi, esta es la opción para el fin de semana. Encima conoces hoteles bien chic. Y si creen que he sido una exagerda, ustedes son unos insensibles.